Aquí tenéis la primera.
Utilízala para empezar tu meditación, siéntate a hacer tu meditación, escúchala y sigue meditando 20 minutos más.
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Los talleres A la escucha de nuestra alma femenina
Vivimos en una sociedad aun centrada en valores dichos masculinos como son la racionalidad a ultranza, la competitividad, la sobrevaloración de los logros socio profesionales, etc. Por otro lado, se sigue despreciando aquellos aspectos que podemos calificar de más femeninos, como son la intuición, las emociones y su expresión, la necesidad de compaginar vida laboral con vida privada, etc.
No creo que sea ya una cuestión de hombres o mujeres. Unos y otros sufrimos a causa de las descompensaciones y conflictos que se generan a nivel interno y externo. Creo que estamos en una época de transición y que debemos aprender todos a vernos y a vivirnos de forma integral e integrada. Me parece que se está haciendo ya bastante en este ámbito desde hace algunos años. La inteligencia emocional se trabaja, a nadie le suena ya extraño hablar de ello. Los hombres pueden ocuparse de sus hijos y están más protegidos por la ley para seguir haciéndolo en caso de divorcio. Vamos por buen camino.
Sentadas estas bases, diré que es necesario para toda persona detenerse a observar en su interior cómo se sitúan las fuerzas psíquicas. Sigue siendo necesario dar valor, reencontrar el lugar para dar cabida, desarrollar y expresar las partes más femeninas del alma.
Decir que la intuición es femenina es un estereotipo, claro está. Los hombres son muy intuitivos, por ello, y sirva esto como ejemplo, se habla de que en cada persona hay una parte femenina y otra masculina, bien sea hombre o mujer. La psicología junguiana nos abrió la puerta a esta comprensión.
En los tres talleres que componen A la escucha de nuestra alma femenina propongo un recorrido para :
1º reconocer las fuerzas internas que bloquean y sabotean los aspectos femeninos de la psique.
2º potenciar dichos aspectos, valorarlos y encontrar su buen lugar en nuestro mundo interior y exterior.
3º plasmarlos en nuestra vida cotidiana de forma concreta, viviéndonos de forma más completa y con más fuerza.
· Lo hacemos basándonos en cuentos populares. Las imágenes de los cuentos hablan directo al subconsciente y son un método para acceder rápidamente a ciertos contenidos. Como metodología de trabajo, utilizo además técnicas para desbloquear la creatividad y después se analizan los resultados de forma racional, para así comprender lo que vamos encontrando y asentarlo de forma estable que sirva en el día a día.
Barba azul o el depredador interno
En este taller, Barba Azul es la imagen del depredador interior, es decir, de todo aquello que impide el pleno desarrollo de las facultades femeninas, como son la intuición y la sensibilidad. También la creatividad y las ganas de vivir. Es el enemigo interno que sabotea los proyectos, las relaciones, las sanas ambiciones y nos impide sacar todo lo bueno que está dentro.
En mayor o menor medida, todo el mundo conoce a Barba Azul. Pero, se puede aprender a dejar de ser su víctima y a ponerle límites.
Este taller ayuda a desbloquear la creatividad, a sentir más plenamente la alegría de vivir y a reconocer lo que en nuestro fuero interno nos pone la zancadilla para desanimarnos.
En el presente artículo vamos a abordar la práctica y significado de la marcha meditativa.
El caminar, como el respirar, es un gesto fundamental de la persona y de su relación con el mundo. De la misma manera que podemos ver si la respiración es plena o está bloqueada, podemos ver si el andar es fluido o crispado. De la misma forma que ejercicios de respiración pueden servir para calmar la mente, la marcha meditativa acompaña también de forma simple en la búsqueda de calma interior. Cuando se aprende a observar la marcha, se puede aprender mucho sobre sí mismo de forma sencilla.
Por marcha meditativa entendemos el ejercicio que hace del andar un gesto espiritual y que procura una profunda sensación de paz y orden interior. Vamos a ir explicando como realizar el ejercicio de hacer del andar un gesto meditativo. Para ello realizaremos tres series de ejercicios e iremos dando las pautas a seguir.
Tanto en el zen como en las tradiciones monásticas occidentales la marcha meditativa ocupa una plaza importante. La verticalidad, interpretada como símbolo del contacto entre cielo y tierra, el ritmo del andar, el silencio y la lentitud, llevan al practicante a un estado de profunda tranquilidad mental que favorece la experiencia mística.
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Cuando hablamos de meditación estamos haciendo referencia a un estado en el que la persona que medita se pone al servicio de lo esencial, se abre internamente al contacto con algo a lo que podríamos llamar lo Totalmente Otro. La meditación no es una comprensión intelectual del mundo, es una experiencia.
Si queremos ser precisos, no podemos hablar de “hacer meditación”. Cuando se practica meditación, en realidad se está procurando encontrar las condiciones que favorecen el contacto con lo esencial. Ese contacto es la meditación. No se hace mediante un acto voluntario, se produce. Meditar es un ejercicio de transformación personal en el que la persona se va abriendo interiormente, va encontrando la forma en la que ese contacto se va dando, va comprendiendo cuales son las actitudes que lo están bloqueando o que lo favorecen.
Existen unas técnicas básicas para la práctica de la meditación que han demostrado su eficacia durante siglos, acompañando a miles de personas en este camino de apertura a lo esencial.
Se puede meditar de diversas formas: sentados, de pie, andando, realizando las tareas de la vida cotidiana, corriendo, bailando...Cuando se sabe meditar, se puede permanecer en actitud meditativa en diferentes formas, es decir, la persona está en contacto interior con lo esencial y con su yo profundo, haga lo que haga.
Cuando se realizan las prácticas de meditación zen muchas personas se sorprenden al descubrir que la meditación sentada no es la única forma de practicar. Entre sentada y sentada se realiza una meditación o marcha meditativa. La marcha meditativa ayuda a movilizar los miembros que durante la meditación sentada se podrían haber anquilosado, regenera la energía, moviliza la sangre e impide problemas circulatorios.
Pero el andar meditativo es mucho más que un complemento de la meditación sentada, es realmente una meditación a parte entera. Se pueden aplicar algunos de sus principios durante el andar cotidiano. Se puede andar en actitud interiormente meditativa mientras se va a buscar el pan, en el despacho, o cuando nos desplazamos de un lado a otro.
La marcha meditativa se puede realizar sólo o en grupo. Cuando se está meditando en un grupo, el andar entre dos sentadas es un momento especial en el que cada persona anda para y por sí misma y al mismo tiempo entra en un ritmo grupal. Es un momento privilegiado de contacto con los demás y de unión.
Ejercicio 1º Antes de seguir leyendo le propongo que deje la revista, se levante y ande. Pero ande muy muy despacio. Si está en un espacio pequeño, de media vuelta cuando llegue a la pared y repita el paseo varias veces. Obsérvese, sienta. No se preocupe de cómo lo está haciendo. Simplemente ande y observe.
La experiencia puede llegar a ser un tanto turbadora si se siente en desequilibrio. No se preocupe. Es habitual.
Nos encontramos de nuevo en cinco minutos...
Ejercicio 2º Ahora haga de nuevo el ejercicio, incorporando lo que acaba de leer. Tal vez necesite releer los once puntos anteriores otra vez.
. Realice el ejercicio durante cinco minutos como mínimo. Ande o obsérvese.
Sienta las diferencias con su forma de andar antes y ahora
Ejercicio 3º . Puede volver a hacer el ejercicio ahora que ha leído la técnica hasta el final. Sienta las diferencias. Procure disfrutar de este momento. No tenga prisa. Lo ideal es realizar este ejercicio un mínimo de diez minutos, puede llegar a quince o más si lo desea. Hay que darse tiempo para sentir, para entrar realmente en el gesto y llegar a disfrutarlo sintiendo.
Si se le hace pesado, le aburre o no tiene la sensación de sentir “nada especial”, no desespere... normalmente este ejercicio se realiza de la mano de alguien experimentado, aquí está haciendo una primera prueba. Tal vez necesite que alguien le enseñe de forma presencial a extraer el máximo partido de la marcha meditativa.
Para sacar todo el provecho a este ejercicio puede realizar algunas practicas previas que le ayudarán a encontrar la buena postura para andar.
Puede entrenarse a andar erguido con un peso en la cabeza. Esto le ayudará a tomar la medida de la dimensión vertical y le ayudará a sentir su verdadera altura, a no ir encogido. Puede llegar a ser muy agradable, siempre y cuando no se realice con crispación.
Otro ejercicio de preparación es hacer rodar con el pie una pelota de goma. Este ejercicio le ayudará a sentir aún más el contacto con el suelo. También le va a facilitar el sentir su peso y su enraizamiento en la tierra.
Por fin, cualquier movimiento que pueda permitirle soltar crispaciones en la espalda, y permanecer lo más suelto posible, es una buena preparación.
(1) Recomiendo a aquellos que aún no lo hayan leído que lean el libro de “Hara, centro vital del hombre”, de K. G. Dürckheim, ed. Mensajero
Cuando alguien le preguntó al ciempiés ¿cómo logras mover de forma coordinada todos tus pues? Este su puso a pensar y no logró dar un paso más.
La experiencia de la meditación abre a la experiencia de contacto con lo esencial o experiencia mística. No se puede pretender comprender totalmente estos momentos, tampoco se puede pretender “psicologizar” toda actitud o comportamiento. Una vez dicho esto, sin pretender que le ocurra como al ciempiés, preguntarse ciertas cosas sobre sí mismo y llegar a conocerse mas profundamente es una buena forma de poder estar aun mejor consigo mismo y con los demás.
La marcha meditativa puede ser un estupendo ejercicio para aprender a conocerse a sí mismo y para aprender a funcionar mejor en el mundo. A esto se le llama ejercicio de transformación, ya que practicado de forma consciente y regular nos ayuda sacar lo mejor que tenemos de nosotros mismos.
¿Quién no ha salido nunca a pasear para “aclararse las ideas”? Tal vez usted mismo siente de tanto en tanto la necesidad de andar sin rumbo fijo, en la ciudad desierta, en la playa en invierno o en la montaña, para sentirse en paz consigo mismo.
Aristóteles y sus discípulos andaban mientras este les impartía sus discursos filosóficos (escuela peripatética); tal vez fueran los precursores de la idea de Steiner que une los procesos del pensar y el andar en su origen...
Pero el andar puede aun ser algo más profundo. Puede convertirse en ejercicio de crecimiento personal y llegar a ser un momento de experiencia espiritual.
¿Qué condiciones previas requiere la marcha meditativa? ¿Quién y cuando realizarla?
La marcha meditativa es útil para toda persona que desea realizar un ejercicio simple, agradable, sano y espiritual. No tiene límites de edad ni requiere ninguna condición física particular.
Ayuda a calmar la mente, a sentirse en conexión con el yo esencial, ayuda a estar de forma más plena en el mundo.
Este ejercicio puede utilizarse también en el curso de una psicoterapia. Para ello es necesario que los terapeutas y psicólogos lo conozcan a fondo y lo hayan experimentado suficientemente.
Con un poco de entrenamiento, cualquier persona puede llegar a mejorar en su auto observación con este ejercicio y a progresar en su camino personal de forma simple y autónoma. Se pueden explorar procesos interiores, aprender a adoptar formas de estar más libres y serenas.
1 Era una mujer dulce y reservada. Vino a consultar por un problema que se reveló una depresión. La observaba entrando en mi despacho desde la sala de espera y veía su andar tímido, casi de puntillas. Le propuse el ejercicio de la marcha. Más que andar flotaba, sin tener un verdadero contacto con el suelo. No sentía su peso, su diafragma estaba muy bloqueado y sus pies parecían no encontrar el ritmo del andar lento. A medida que analizábamos su situación y comprendíamos lo que le ocurría, el ejercicio de la marcha se desarrollaba en paralelo. Lo que su mente no llegaba a decir, su andar lo expresaba. Poco a poco fue sintiendo el peso, el apoyo en el suelo, su andar se volvió más plantar. Llegó un día en el que experimentó un gran placer al andar lentamente, pudiendo concentrarse simplemente en el paso que estaba dando. Estaba emergiendo de su depresión, con paso firme y cada vez más segura de sí.
2 Un hombre vino porque se sentía mal en su vida cotidiana. Trabajaba muchas horas y no sentía placer sino carga en lo que hacía. Cuando le veía andar veía que sus pies se apoyaban de forma forzada sobre las puntas y su talón no entraba casi en contacto con el suelo. Su diafragma estaba muy bloqueado, sus lumbares sufrían. Al mismo tiempo, avanzaba con el pecho hinchado y la cabeza por delante. Poco a poco fue dándose cuenta de su postura y de que esta postura reflejaba su actitud frente al mundo. A medida que fue soltándose interiormente su diafragma se relajó y su respiración se hizo más completa. Aprendió a que su impulso para avanzar podía salir de su hara en lugar de salir de su cabeza (“tengo que avanzar, debo hacerlo!”). Comprender su actitud le llevó a ir modificando poco a poco su relación consigo y con el entorno y a ser más feliz.