lunes 23 de enero de 2012

Introduccion a la meditación Zen

en la línea propuesta por K. G. Dürckheim

Inicio una serie de introducciones a la meditación Zen.
Aquí tenéis la primera.

Utilízala para empezar tu meditación, siéntate a hacer tu meditación, escúchala y sigue meditando 20 minutos más.

domingo 18 de diciembre de 2011

Meditación de Navidad 2011

Esta mañana hemos hecho la meditación de Navidad. Me gusta compartir unos momentos de meditación en Navidad, hablar del sentido y el simbolismo de esta fecha...Los que me conoceis sabéis que mi formación antropológica me lleva a buscar esos orígnes muy lejos...hace ni más ni menos que unos cinco mil años....

Así son las cosas, llevamos mucho tiempo celebrando el solsticio de invierno, deseando prosperidad y buenas cosechas, intercambiando regalos y festejando con el exceso de comida y bebida un año que está por llegar, una fructificación que aún se está gestando en lo más profundo. Han cambiado los modos, pero no las intenciones, reconocidas y conscientes o no.

Hoy hemos hecho también la tradicional meditación...aunque ya podéis imaginar que lo de tradicional es un decir. Os dejo aquí mismo un audio para que podais compartirla conmigo, con nosotros.



Os deseo de todo corazón mucho amor y felicidad. Que vuestro camino sea largo y lleno de experiencias. Laia

Un cerezo en el balcón. Meditar en la ciudad. Laia Monserrat. Ed. Kairós


Hola a tod@s, tengo el placer de comunicaros que mi libro ya está disponible en librerías y también podeís obtenerlo on line.

Es un libro que espero os inspirará en vuestra práctica cotidiana. Para aquellos que nunca habéis meditado, os dará pistas para iniciaros en esta práctica milenaria del Zen.

martes 5 de julio de 2011

MEDITAR EN LA CIUDAD

Hola! si habeis leído el artículo de CuerpoMente nº231 de junio, tal vez queraís contribuir con vuestros comentarios y sugerencias.

Que tal las experiencias de meditar en la ciudad? Os animo a participar, para aprender todos más y más de cómo vivir con más consciencia en nuestra vida cotidiana.

Saludos, Laia Monserrat

viernes 10 de junio de 2011

Espiritualidad e infancia

Queridos amigos, estoy realizando un estudio sobre espiritualidad e infancia. Me interesa mucho comprender lo que está pasando actualmente en este ámbito. Son muchos los padres que viven su espiritualidad de una forma alejada de las tradiciones religiosas de nuestras anteriores generaciones y que no saben muy bien cómo hacer una transmisión a sus hijos, ni siquiera si deben hacerla.

Es un tema apasionante en este tiempo de cambios profundos. ¿Que valores le transmito a mis hij@s? ¿Cómo debo realizar dicha transmisión? ¿debo hacer algo para potenciar y preservar el capital espiritual de mis niñ@os?

Para realizar mi estudio he construido una plantilla de encuesta. Aquellos que deseeis participar en dicho estudio poneos en contacto conmigo y os la pasaré. A partir de los resultados, datos en mano, podré elaborar un y explorar posibles caminos.

Os dejo de nuevo mi mail: laiamonserrat@gmail.com

Un abrazo a tod@s, Laia Monserrat


jueves 24 de marzo de 2011

A la escucha de nuestra alma femenina

Los talleres A la escucha de nuestra alma femenina

Vivimos en una sociedad aun centrada en valores dichos masculinos como son la racionalidad a ultranza, la competitividad, la sobrevaloración de los logros socio profesionales, etc. Por otro lado, se sigue despreciando aquellos aspectos que podemos calificar de más femeninos, como son la intuición, las emociones y su expresión, la necesidad de compaginar vida laboral con vida privada, etc.

No creo que sea ya una cuestión de hombres o mujeres. Unos y otros sufrimos a causa de las descompensaciones y conflictos que se generan a nivel interno y externo. Creo que estamos en una época de transición y que debemos aprender todos a vernos y a vivirnos de forma integral e integrada. Me parece que se está haciendo ya bastante en este ámbito desde hace algunos años. La inteligencia emocional se trabaja, a nadie le suena ya extraño hablar de ello. Los hombres pueden ocuparse de sus hijos y están más protegidos por la ley para seguir haciéndolo en caso de divorcio. Vamos por buen camino.

Sentadas estas bases, diré que es necesario para toda persona detenerse a observar en su interior cómo se sitúan las fuerzas psíquicas. Sigue siendo necesario dar valor, reencontrar el lugar para dar cabida, desarrollar y expresar las partes más femeninas del alma.

Decir que la intuición es femenina es un estereotipo, claro está. Los hombres son muy intuitivos, por ello, y sirva esto como ejemplo, se habla de que en cada persona hay una parte femenina y otra masculina, bien sea hombre o mujer. La psicología junguiana nos abrió la puerta a esta comprensión.

En los tres talleres que componen A la escucha de nuestra alma femenina propongo un recorrido para :

1º reconocer las fuerzas internas que bloquean y sabotean los aspectos femeninos de la psique.

2º potenciar dichos aspectos, valorarlos y encontrar su buen lugar en nuestro mundo interior y exterior.

3º plasmarlos en nuestra vida cotidiana de forma concreta, viviéndonos de forma más completa y con más fuerza.

· Lo hacemos basándonos en cuentos populares. Las imágenes de los cuentos hablan directo al subconsciente y son un método para acceder rápidamente a ciertos contenidos. Como metodología de trabajo, utilizo además técnicas para desbloquear la creatividad y después se analizan los resultados de forma racional, para así comprender lo que vamos encontrando y asentarlo de forma estable que sirva en el día a día.

Barba azul o el depredador interno

En este taller, Barba Azul es la imagen del depredador interior, es decir, de todo aquello que impide el pleno desarrollo de las facultades femeninas, como son la intuición y la sensibilidad. También la creatividad y las ganas de vivir. Es el enemigo interno que sabotea los proyectos, las relaciones, las sanas ambiciones y nos impide sacar todo lo bueno que está dentro.

En mayor o menor medida, todo el mundo conoce a Barba Azul. Pero, se puede aprender a dejar de ser su víctima y a ponerle límites.

Este taller ayuda a desbloquear la creatividad, a sentir más plenamente la alegría de vivir y a reconocer lo que en nuestro fuero interno nos pone la zancadilla para desanimarnos.

  • Próximo seminario: viernes 6 de mayo, de 19h a 21h y sábado de 10h a 20h.
Precio 75€
Lugar a determinar, en Barcelona

Os invito a ver esta web en la que se explica muy bien los conceptos junguianos de psique femenina y masculina: http://www.robertexto.com/archivo2/jung_fem_masc.htm

miércoles 2 de febrero de 2011

La marcha meditativa

En el presente artículo vamos a abordar la práctica y significado de la marcha meditativa.

El caminar, como el respirar, es un gesto fundamental de la persona y de su relación con el mundo. De la misma manera que podemos ver si la respiración es plena o está bloqueada, podemos ver si el andar es fluido o crispado. De la misma forma que ejercicios de respiración pueden servir para calmar la mente, la marcha meditativa acompaña también de forma simple en la búsqueda de calma interior. Cuando se aprende a observar la marcha, se puede aprender mucho sobre sí mismo de forma sencilla.

Por marcha meditativa entendemos el ejercicio que hace del andar un gesto espiritual y que procura una profunda sensación de paz y orden interior. Vamos a ir explicando como realizar el ejercicio de hacer del andar un gesto meditativo. Para ello realizaremos tres series de ejercicios e iremos dando las pautas a seguir.

Tanto en el zen como en las tradiciones monásticas occidentales la marcha meditativa ocupa una plaza importante. La verticalidad, interpretada como símbolo del contacto entre cielo y tierra, el ritmo del andar, el silencio y la lentitud, llevan al practicante a un estado de profunda tranquilidad mental que favorece la experiencia mística.

Cuando hablamos de meditación estamos haciendo referencia a un estado en el que la persona que medita se pone al servicio de lo esencial, se abre internamente al contacto con algo a lo que podríamos llamar lo Totalmente Otro. La meditación no es una comprensión intelectual del mundo, es una experiencia.

Si queremos ser precisos, no podemos hablar de “hacer meditación”. Cuando se practica meditación, en realidad se está procurando encontrar las condiciones que favorecen el contacto con lo esencial. Ese contacto es la meditación. No se hace mediante un acto voluntario, se produce. Meditar es un ejercicio de transformación personal en el que la persona se va abriendo interiormente, va encontrando la forma en la que ese contacto se va dando, va comprendiendo cuales son las actitudes que lo están bloqueando o que lo favorecen.

Existen unas técnicas básicas para la práctica de la meditación que han demostrado su eficacia durante siglos, acompañando a miles de personas en este camino de apertura a lo esencial.

Se puede meditar de diversas formas: sentados, de pie, andando, realizando las tareas de la vida cotidiana, corriendo, bailando...Cuando se sabe meditar, se puede permanecer en actitud meditativa en diferentes formas, es decir, la persona está en contacto interior con lo esencial y con su yo profundo, haga lo que haga.

Cuando se realizan las prácticas de meditación zen muchas personas se sorprenden al descubrir que la meditación sentada no es la única forma de practicar. Entre sentada y sentada se realiza una meditación o marcha meditativa. La marcha meditativa ayuda a movilizar los miembros que durante la meditación sentada se podrían haber anquilosado, regenera la energía, moviliza la sangre e impide problemas circulatorios.

Pero el andar meditativo es mucho más que un complemento de la meditación sentada, es realmente una meditación a parte entera. Se pueden aplicar algunos de sus principios durante el andar cotidiano. Se puede andar en actitud interiormente meditativa mientras se va a buscar el pan, en el despacho, o cuando nos desplazamos de un lado a otro.

Veamos cómo se debe realizar el ejercicio de la marcha meditativa.

La marcha meditativa se puede realizar sólo o en grupo. Cuando se está meditando en un grupo, el andar entre dos sentadas es un momento especial en el que cada persona anda para y por sí misma y al mismo tiempo entra en un ritmo grupal. Es un momento privilegiado de contacto con los demás y de unión.

Ejercicio 1º Antes de seguir leyendo le propongo que deje la revista, se levante y ande. Pero ande muy muy despacio. Si está en un espacio pequeño, de media vuelta cuando llegue a la pared y repita el paseo varias veces. Obsérvese, sienta. No se preocupe de cómo lo está haciendo. Simplemente ande y observe.

La experiencia puede llegar a ser un tanto turbadora si se siente en desequilibrio. No se preocupe. Es habitual.

Nos encontramos de nuevo en cinco minutos...

  • La técnica se basa en algunos principios clave:

    1. Permanecer en silencio. Este es un punto esencial, se debe mantener la concentración máxima en lo que se está realizando, en lo que se va sintiendo. El silencio permite entrar en una dimensión del sí mismo distinta de la habitual. Se tiene que callar y también se tiene que llegar a calmar la mente, que la cadencia de los pensamientos sea cada vez más lenta. Estar en silencio no quiere decir que se produzca un aislamiento del mundo externo, al contrario, debe permitir estar atentos a lo que se oye, al canto de un pájaro, al ruido de una moto, a la voz del vecino. Se debe dejar que los ruidos, los sonidos que vienen del exterior, o de nuestra mente, pasen, sin ofrecerles resistencia ni quedarse “enganchado en ellos”.

  • Presencia al instante presente. Mientras se anda, cada pequeño gesto es particularmente importante y precioso. En una actitud ligera, abierta y distendida, nuestra atención debe estar puesta en cada sensación física, en cada movimiento. Del mismo modo, percibiremos nuestro entorno. Si hay un olor a tarta de manzana, sentiremos ese olor, si hace frío, sentiremos el frío. Debemos permanecer presentes a nosotros mismos y a nuestro contexto.

    1. La postura debe ser erguida, la posición de la espalda distendida y desplegada hacia lo alto. Debemos sentir que la cabeza se dirige firmemente hacia el cielo. Para ello no se debe realizar un esfuerzo de estiramiento, más bien se debe soltar la zona lumbar y la cervical, lugares donde se suelen acumular gran parte de las crispaciones. Los hombros deben estar lo más sueltos posible, sin rigidez.

    1. Es muy recomendable realizar el ejercicio descalzo.

    1. La persona debe sentir su peso. En cada paso de debe sentir que el pie se enraíza en el suelo, que el peso se desplaza de un lado a otro. Esto da sensación de firmeza, de estabilidad. Cuando no se siente el peso, la persona tiene la impresión de flotar y de estar inestable, puede incluso tropezar. Para sentir el peso hay que soltarse interiormente. Es una actitud de tocar la tierra, de apoyarse de verdad, plenamente en el suelo.

    1. Lentitud. Este ejercicio se realiza extremando la lentitud. Se anda muy despacio.

    1. Se debe andar con los ojos abiertos. Esto que tal vez parezca obvio, no lo es tanto, ya que muchas personas tienen la tendencia de cerrar los ojos para sentir mejor. La mirada debe dirigirse lo más lejos posible, como si pudiera atravesar lo que se tiene delante e ir aún más allá.

    1. Interiormente se debe sentir que el impulso de andar surge del hara (1). Hara es una palabra japonesa que indica la zona del vientre y la pelvis. Es el centro de la estabilidad de la persona. Aprender a situarse interiormente en esta zona proporciona una gran sensación de anclaje físico y emocional. Al andar, se debería sentir siempre que se anda desde el hara.

    1. Se andará sin pretensión de llegar a ninguna parte. Lo fundamental del ejercicio es el andar por andar, no el llegar a ningún sitio. Por ello es bueno empezar realizando este ejercicio en una habitación, en el pasillo o cualquier lugar cerrado que nos permite concentrarnos en el andar mismo, sin finalidad.

    1. Se debe estar concentrado en cada paso. Andar es dar un paso.

    1. Observe su respiración. No quiera controlarla no acompasarla a sus pasos. Pero observe. A menudo, cuando se va entrando en el estado meditativo, la respiración se armoniza con los pasos. No construya su respiración. Déjese respirar.

Ejercicio 2º Ahora haga de nuevo el ejercicio, incorporando lo que acaba de leer. Tal vez necesite releer los once puntos anteriores otra vez.

. Realice el ejercicio durante cinco minutos como mínimo. Ande o obsérvese.

Sienta las diferencias con su forma de andar antes y ahora

  • Veamos ahora cuales son las etapas o movimientos precisos del andar meditativo:

  • Todo movimiento surge de la quietud. Iniciaremos el ejercicio estando en pie, derechos, sintiendo el peso, sintiendo la verticalidad, asentándonos interiormente en le hara. Antes de empezar a andar, hay que darse un tiempo para sentirse, para posicionarse correctamente.

    1. Sentir cual es el buen momento para empezar a andar. Es un instante preciso, antes es demasiado pronto, después demasiado tarde.

    1. Se levanta naturalmente un pie. Para ello, y si hemos realizado correctamente el ejercicio de situarnos en el hara y dejado que el movimiento se origine en la pelvis, el pie sigue el movimiento del hara, es decir, lo primero que avanza es la pelvis, que acaba tirando de la pierna y del pie. Primero se levanta el talón y poco a poco se va levantando toda la planta del pie hasta que se da el paso y el pie se coloca por delante del otro, como avanzando sobre una ancha línea recta.

    1. El peso, que estaba en el pie que inicia el movimiento, se va colocando suavemente en el otro pie, que permanece firmemente colocado sobre el suelo.

    1. Cuando el primer pie ha llegado a tocar el suelo, lo hace apoyándose por el talón hasta llegar a apoyar los dedos. En este punto, ha recuperado todo el peso, cosa que permite que el otro pie pueda levantarse y dar un paso.

    1. Los movimientos, muy lentos, deben ser fluidos y continuos, sin momentos de parada.

    1. Se establece un balanceo rítmico.

Ejercicio 3º . Puede volver a hacer el ejercicio ahora que ha leído la técnica hasta el final. Sienta las diferencias. Procure disfrutar de este momento. No tenga prisa. Lo ideal es realizar este ejercicio un mínimo de diez minutos, puede llegar a quince o más si lo desea. Hay que darse tiempo para sentir, para entrar realmente en el gesto y llegar a disfrutarlo sintiendo.

Si se le hace pesado, le aburre o no tiene la sensación de sentir “nada especial”, no desespere... normalmente este ejercicio se realiza de la mano de alguien experimentado, aquí está haciendo una primera prueba. Tal vez necesite que alguien le enseñe de forma presencial a extraer el máximo partido de la marcha meditativa.


      • Ejercicios que ayudan a preparar la marcha meditativa:

Para sacar todo el provecho a este ejercicio puede realizar algunas practicas previas que le ayudarán a encontrar la buena postura para andar.

Puede entrenarse a andar erguido con un peso en la cabeza. Esto le ayudará a tomar la medida de la dimensión vertical y le ayudará a sentir su verdadera altura, a no ir encogido. Puede llegar a ser muy agradable, siempre y cuando no se realice con crispación.

Otro ejercicio de preparación es hacer rodar con el pie una pelota de goma. Este ejercicio le ayudará a sentir aún más el contacto con el suelo. También le va a facilitar el sentir su peso y su enraizamiento en la tierra.

Por fin, cualquier movimiento que pueda permitirle soltar crispaciones en la espalda, y permanecer lo más suelto posible, es una buena preparación.

(1) Recomiendo a aquellos que aún no lo hayan leído que lean el libro de “Hara, centro vital del hombre”, de K. G. Dürckheim, ed. Mensajero

La marcha como ejercicio de transformación

Cuando alguien le preguntó al ciempiés ¿cómo logras mover de forma coordinada todos tus pues? Este su puso a pensar y no logró dar un paso más.

La experiencia de la meditación abre a la experiencia de contacto con lo esencial o experiencia mística. No se puede pretender comprender totalmente estos momentos, tampoco se puede pretender “psicologizar” toda actitud o comportamiento. Una vez dicho esto, sin pretender que le ocurra como al ciempiés, preguntarse ciertas cosas sobre sí mismo y llegar a conocerse mas profundamente es una buena forma de poder estar aun mejor consigo mismo y con los demás.

La marcha meditativa puede ser un estupendo ejercicio para aprender a conocerse a sí mismo y para aprender a funcionar mejor en el mundo. A esto se le llama ejercicio de transformación, ya que practicado de forma consciente y regular nos ayuda sacar lo mejor que tenemos de nosotros mismos.

¿Quién no ha salido nunca a pasear para “aclararse las ideas”? Tal vez usted mismo siente de tanto en tanto la necesidad de andar sin rumbo fijo, en la ciudad desierta, en la playa en invierno o en la montaña, para sentirse en paz consigo mismo.

Aristóteles y sus discípulos andaban mientras este les impartía sus discursos filosóficos (escuela peripatética); tal vez fueran los precursores de la idea de Steiner que une los procesos del pensar y el andar en su origen...

Pero el andar puede aun ser algo más profundo. Puede convertirse en ejercicio de crecimiento personal y llegar a ser un momento de experiencia espiritual.

¿Qué condiciones previas requiere la marcha meditativa? ¿Quién y cuando realizarla?

La marcha meditativa es útil para toda persona que desea realizar un ejercicio simple, agradable, sano y espiritual. No tiene límites de edad ni requiere ninguna condición física particular.

Ayuda a calmar la mente, a sentirse en conexión con el yo esencial, ayuda a estar de forma más plena en el mundo.

Este ejercicio puede utilizarse también en el curso de una psicoterapia. Para ello es necesario que los terapeutas y psicólogos lo conozcan a fondo y lo hayan experimentado suficientemente.

Con un poco de entrenamiento, cualquier persona puede llegar a mejorar en su auto observación con este ejercicio y a progresar en su camino personal de forma simple y autónoma. Se pueden explorar procesos interiores, aprender a adoptar formas de estar más libres y serenas.

  • Algunos ejemplos de la utilización de la marcha en procesos personales, sacados de mi propia experiencia como terapeuta:

1 Era una mujer dulce y reservada. Vino a consultar por un problema que se reveló una depresión. La observaba entrando en mi despacho desde la sala de espera y veía su andar tímido, casi de puntillas. Le propuse el ejercicio de la marcha. Más que andar flotaba, sin tener un verdadero contacto con el suelo. No sentía su peso, su diafragma estaba muy bloqueado y sus pies parecían no encontrar el ritmo del andar lento. A medida que analizábamos su situación y comprendíamos lo que le ocurría, el ejercicio de la marcha se desarrollaba en paralelo. Lo que su mente no llegaba a decir, su andar lo expresaba. Poco a poco fue sintiendo el peso, el apoyo en el suelo, su andar se volvió más plantar. Llegó un día en el que experimentó un gran placer al andar lentamente, pudiendo concentrarse simplemente en el paso que estaba dando. Estaba emergiendo de su depresión, con paso firme y cada vez más segura de sí.

2 Un hombre vino porque se sentía mal en su vida cotidiana. Trabajaba muchas horas y no sentía placer sino carga en lo que hacía. Cuando le veía andar veía que sus pies se apoyaban de forma forzada sobre las puntas y su talón no entraba casi en contacto con el suelo. Su diafragma estaba muy bloqueado, sus lumbares sufrían. Al mismo tiempo, avanzaba con el pecho hinchado y la cabeza por delante. Poco a poco fue dándose cuenta de su postura y de que esta postura reflejaba su actitud frente al mundo. A medida que fue soltándose interiormente su diafragma se relajó y su respiración se hizo más completa. Aprendió a que su impulso para avanzar podía salir de su hara en lugar de salir de su cabeza (“tengo que avanzar, debo hacerlo!”). Comprender su actitud le llevó a ir modificando poco a poco su relación consigo y con el entorno y a ser más feliz.